La belleza hace presencia en las calles de muchas maneras. El otro día, por ejemplo, pasé por un instituto y desde una de la aulas, la cual tendría más de una ventana abierta por el calor, un@s chaval@s le cantaban el "Cumpleaños feliz" a un compañero (o compañera). Imaginaros la estampa: toda la calle impregnada de esa canción forjada entre risas, haciendo por unos instantes todo menos serio y más ameno. Eso es belleza y no ese ruido a todo volumen que ponen algun@s despiadadamente desde sus coches...
Ayer salí a la calle con cámara en mano con el objetivo de fotografiar ciertas actividades de mi ciudad, y me topé con un par de imágenes que me gustaría compartir con vosotr@s.
Dos bellas mujeres, una de las cuales se había quitado los zapatos debido al sofocante calor del mediodía, relajando sus pies después de intuyo, una larga mañana caminando con los zapatos de tacón blancos que posan majestuosos a su izquierda. Con el calor que hacía probablemente no le hubiese importado quitarse las medias allí mismo, pero una es una dama y no iba a hacerlo a ojos de la cantidad de gente que atestaba las terrazas de los bares que rodeaban la plaza.
Su acompañante prefirió mantener sus zapatos verdes (con tacón, también) pegados a sus pies. Tal vez no llevase medias y el calor fuese menos apremiante para ella...
Cubrí sus caras con dos hermosos pétalos de rosa, pero sus rostros no tienen nada que envidiarles.
Instantes después volví a observarlas y las retraté de nuevo. Esta vez la mujer descalza se había puesto los zapatos. De hecho ambas estaban a punto de irse ya que cuando mis ojos volvieron a dirigirse a esos envidiables bancos de piedra ya no estaban.
No cabe decir que el momento en el que se puso los zapatos fue
maravilloso aunque no pudiese verlo. Quizás alguien sí lo vio, mientras
bebía su refresco parapetado tras unas gafas de sol. Tal vez le alegró el
día.
Tal vez varios de los hombres, típicos 'machos ibéricos' que estaban allí con sus novias o mujeres, tuvieron el pensamiento impulsivo de hacerlas el amor allí mismo (aunque ellos prefiriesen emplear otros términos más groseros); quizá alguien fiel y sin compromiso sólo tuvo el deseo de dirigirse hacia la piedra y dar dos humildes besos en el lugar donde ellas se habían sentado para agradecerlas respetuoso y humilde su grata presencia.









